XIII: ¿Dónde está Edgar?
Me desperté. Parece mentira, pero el
día de ayer me pasó súper rápido. No vi a Edgar, en la comida no estaba, ni en
la cena, o por lo menos, yo no le vi, ¿se habrá ido? No, no creo, (¡POR FAVOR
QUE NO SE HALLA IDO!).
Llaman a la puerta, supongo que será
Eduardo. Mi boca suelta un adelante pero la puerta no se abre, después de unos
segundos escucho:
-¡A desayunas Samuel!
¡BIEN! Podré ver si está Edgar. Ayer no
cumplí mi promesa, no le vi, pero hoy os prometo, es más, os juro, que después
de comer venimos a mi habitación y se lo digo todo, todo lo que me pasa, aish…
me va a costar pero nunca he tenido problemas para expresar mis sentimientos,
¿por qué empezar ahora?
Vuelve a sonar la puerta.
-Ya voy.
Arranco otro día del calendario de
Edgar, hoy me pone: día 29, y debajo: quedan 2 días. Que chico TAN, TAN, TAN
majo.
Acabo de desayunar, Edgar no estaba,
tengo miedo de que se haya ido. Paso una mañana un poco larga, haciendo deporte
pero una voz me libra del sufrimiento:
-¡A COMER!
¡BIEN!
Salgo por la puerta y me dirijo a una puerta,
la del comedor. Antes de entrar voy diciendo en bajo por el camino:
-Que esté Edgar, que esté Edgar, que
esté Edgar, que esté Edgar.
Con miedo me asomo por la puerta
siguiendo repitiendo la misma frase, miro a los lados, no encuentro a Edgar, se
ha ido, no nos hemos despedido, con esperanza vuelvo a mirar, no, se ha ido, no
puede ser, yo quería haberme despedido, ya no es TAN majo.
-¡Samuel, eh, ven, te he guardado un
sitio, ayer no nos vimos en todo el día!
Miro a la derecha ¿quién coño me guardó
sitio si yo solo conozco a…?
-¡Edgar!
Voy corriendo a su encuentro, me siento, que ganas de verle, le sonrío sin saber que decir, no quiero decir nada, solo sonreír, está aquí, delante de mí, que ilusión, sonrío con la esperanza de que el diga algo y, como siempre, consigo mis propósitos:
-Ya me ha contado Eduardo donde has estado y que ha pasado y todo el cuento… Te han puesto un punto rojo, pero tranquilo, yo tengo dos…
Voy corriendo a su encuentro, me siento, que ganas de verle, le sonrío sin saber que decir, no quiero decir nada, solo sonreír, está aquí, delante de mí, que ilusión, sonrío con la esperanza de que el diga algo y, como siempre, consigo mis propósitos:
-Ya me ha contado Eduardo donde has estado y que ha pasado y todo el cuento… Te han puesto un punto rojo, pero tranquilo, yo tengo dos…
-Yo quiero estar con mi familia el día
de mi cumpleaños.
-Estarás conmigo.
Le sonrío, una y otra vez. Le sonrío
más que nunca ¿me estaré enamorando? No, es un chico, por Dios, que asco, pero
a la vez dulzura, lo que me extraña es que solo me guste el de todos los chicos
que existen en el mundo, igual es una chica que dice ser un chico… Por Dios,
que tonterías digo a veces, bueno, a veces tirando a SIEMPRE.
-Gracias, por cierto, a la cena, ¿me
guardas un sitio a tu lado?
Que diga que si, por favor, por favor,
que diga que si, un si, o un vale, una respuesta afirmativa, por favor, pero
que responda el majo.
-No, claro que no, ¿tú que te piensas?
Ya no quiero ser amigo tuyo… me han contado cosas.
Estado de shock: PLAY. Por favor:
Cancelar, cancelo el botón de PLAY.
-Que si tonto –me dice con una sonrisa
de cabo a rabo, (creo que eso no existe)
Coño… ¿existe un botón de play?
-Era broma, valla cara que has puesto
–me suelta riendo sin parar.
Eso lo explica tonto, digo todo. Es que
la palabra tonto (cariñosamente) se me ha quedado grabada, que majo, majísimo,
le voy a llamar ‘Súper Majo’, ya está bautizado, aish… ‘Súper Majo’.
-Me has asustado, en serio.
Se ríe, me encanta como se ríe, me
encanta él en sí, me da igual lo que haga, me da igual su exterior, ya se
porque me gusta, por su interior, la verdad es que siempre me fijo e el físico
de las chicas pero en él solo me fijo en su interior, nada más, me gusta él, no
su cara, él, quiero decir que me gusta su persona, me parece que es guapo
porque primero es guapo por el interior y es lo único que importa en esta
ocasión, me encanta como se ríe ¿os lo había dicho?
-Tranquilo, me caes muy bien, eres el
único de aquí que es mi amigo, en verdad, yo nunca he tenido muchos amigos, me
miraban mal por ser bulímico, cuando se enteraron de que iba a venir aquí me
llamaban loco por los pasillos y…
-Calla, no digas nada, deja de hablar
de eso, a partir de ahora tema franjado, no quiero más disgustos, hay que ser
feliz ¿Vale?
-Si, eso te lo había dicho yo. Me gusta
que ahora pienses así, cuando te conocí te vi muy triste, y te voy a confesar
que pensé que te tenían que tratar muy bien y ser muy educado porque pensé que
hacía tiempo que no te reías, sin ofender, pero, ¿me equivocaba?
Una carcajada se me escapó, ¡era lo
mismo que pensaba yo de él! Al final si que vamos a ser parecidos, y mucho,
vamos, eso espero.
-Es lo mismo que pensé yo, y… no, no te
equivocabas, muchas gracias, por cierto, sin ofender, pero, ¿yo me equivocaba?
Me mira raro, con desprecio, ¿qué le
pasa? Después se ríe, ¿qué le pasa?
-No, tenías toda la razón, necesitaba
soltar unas carcajadas y liberar toda la carga que había acumulado todos años
atrás, gracias.
Una sonrisa vislumbró mi cara, otra la
de él, ¿le gustaré? No creo.
-Venga, a comer rápido y vamos a mi
habitación que tengo ganas de hablar sin tener a termitas por el alrededor, así
que vamos.
-¿No íbamos a la mía?
-No, a la mía anda
-Vale Edgar, pero mañana a la mía eh,
que es mucho más guapa.
Un tono de enfado-sarcasmo salió de la
boca de Edgar.
Seguimos comiendo, hablando de vez en
cuando pero con cuidado de que no nos viera Germán, o como le llamamos Edgar y
yo: ‘La Termita ’.
Y cada vez que estamos hablando y pasa por alado de nosotros decimos en bajo
para avisar: ‘nos atacan Las Termitas’. Me encanta charlar con Edgar, es lo
mejor, el problema es que empiezo a dudar en si decírselo o no, me da mucho
miedo, además, él no es gay.
No hay comentarios:
Publicar un comentario