VIII: ¿los
chicos, las chicas, o incluso los dos?
-No le vuelvas a decir eso a Germán, te
va a poner un castigo, es el más malo de el centro este –me advirtió Edgar
asustado porque a él igual también le castigaban.
-No creo eh… ni me miró… ¡Bah, si
total! ¿Qué hay peor que estar en esta mierda de sitio que te tratan como a un
trozo de carne?
-Pues, por ejemplo, que te quedes sin
cumpleaños.
Le miré soltando una risa y después en tono irónico le dije
riéndome:
-¡Uy, uy, uy, que me quedo sin que me tiren de las orejas!
Vamos a ver Edgar, voy a pasar el peor cumpleaños de mi vida, no me pueden
quitar nada del cumpleaños que valla a fastidiar… ya está bastante fastidiado.
Me miró dudoso, me puso la mano en el hombro y me volvió a
advertir:
-Tus padres, Samuel, igual te prohíben verlos, ¿no lo has
pensado?
En ese momento me empecé a encontrar mal. Tenía razón, ¿y si
me castigaban?
En ese momento alguien me cogió del hombro echándome hacia
atrás. Apretándome muchísimo el hombro, me giró y pude ver que era Germán ¡me
iba a castigar! O eso pensaba, pero con suerte solo me dijo, señalándome con el dedo y a la vez
sacudiéndolo:
-Mira chaval, al parecer haces creer que no te quieres ir de aquí nunca. He oído que va a ser tu cumpleaños y con suerte vendrán tus padres. CON SUERTE –recalcó y luego siguió hablando- repito: CON SUERTE. A lo mejor hago que no vengan, así que mucho cuidado con lo que sueltas por esa boquita porque igual surge un imprevisto, provocado por mí, y no viene a verte nadie.
-Mira chaval, al parecer haces creer que no te quieres ir de aquí nunca. He oído que va a ser tu cumpleaños y con suerte vendrán tus padres. CON SUERTE –recalcó y luego siguió hablando- repito: CON SUERTE. A lo mejor hago que no vengan, así que mucho cuidado con lo que sueltas por esa boquita porque igual surge un imprevisto, provocado por mí, y no viene a verte nadie.
-Lo… lo… lo siento, no volverá a pasar, qui… qui… quiero que
vengan mis padres a verme, no volverá a pasar, lo prometo, lo juro por mi… lo
juro por Dios.
Me sonríe falsamente y yo, muy asustado, vuelvo a reunirme
con Edgar.
-¿Qué te ha dicho? ¿Te ha castigado? –pregunta interesado y
asustado.
-No, bueno, haber, me ha advertido, como has hecho tú, Edgar,
me quiero ir de aquí, ya no lo soporto más.
Una lágrima brotó por mi ojo izquierdo y dos o tres más.
-No te quiero desilusionar. Pero apenas llevas dos horas, yo
llevo como dos meses.
Yo, vuelvo a llorar y lágrimas se le sueltan a Edgar por esos
ojos azules tan bonitos.
-Bueno, como ya te he dicho, fuera de disgustos, intentemos
pasarlo lo mejor posible, anda espérame en el comedor que voy al servicio,
guárdame sitio, a tu lado, claro.
-Vale. Espera Edgar… no sé donde está el…
Bueno, nada, se fue, mierda, yo que quería esta todo el día
con el y contemplar su encantadora sonrisa…
En verdad si sabía donde estaba, lo había visto al llegar a
esta mierda de sitio, solo que no quería perderle de vista, no me preguntéis
por qué porque ni yo se por qué (que frase más chula me ha salido)
Entre en el comedor, enano, asqueroso, repugnante, única cosa
buena: las señoras del comedor te servían la comida, no tenías que estar
continuamente hiendo a por ella, como en un buffet.
Busco dos sitios juntos. Búsqueda fallida, hay muchos sitios
libres pero no juntos. ¡Babosas, no me podré sentar con él! Dios, que
baboseada. Parece que me enamoré de Edgar (risas se me escapan al pensar el lo
dicho), IMPOSIBLE… pero… bueno, no quiero explicároslo, son cosas mías. MIS
cosas, ya os dije que iba a dejar de dar explicaciones, bueno, supongo que
algún día lo escribiré, pero no estoy seguro, lo tengo que pensar un poco más,
reflexionarlo.
Encontré un sitio libre, y al ver que Edgar entraba le
vocalicé exageradamente: ‘no había dos sitios juntos, lo siento, después nos
vemos’. Él, sin entenderme, se fue a sentar un poco cerca de mí y cuando pasaba
le dije rápidamente:
-No había dos sitios juntos, lo siento, después nos vemos.
Puso cara de dudoso, y sin poder decirme algo se sentó porque
Germán pasaba por ahí.
Vi como Edgar le decía algo al de su lado y todos se lo
pasaban al oído, uno por uno, hasta que, por fin, llego el momento de poder
escuchar lo que me tenía que decir Edgar. El chico que estaba a mi lado, miro
hacia su alrededor, se inclinó, puso mí oreja derecha entre sus manos y,
después de mirar otra vez a su alrededor, me susurró rápidamente para que no le
viesen los que pasaban continuamente por delante de nosotros para asegurarse de
que no hablásemos, ni otras cosas. Bueno, no me enrollo, dijo, bueno, susurró
rápidamente mirando hacia sus lados continuamente:
-Que Elgar dice que no os podéis ver hasta la hora de la
comida, que te guardará un sitio a su lado y luego iréis a los ordenadores, y
que te tiene que decir una cosa acerca de sus sentimientos y otra cosa para tu
cumpleaños.
Sonreí… y le corregí:
-Edgar, se llama Edgar.
-Bueno eso, sabelotodo.
Miré a Edgar y le sonreí. El me miró raro y siguió comiendo
sin cortarse de que le estuviesen vigilando.
Desayunar con alguien que te esté mirando continuamente es
agotador.
Cuando acabé de desayunar fui a mi habitación y me fijé en
que había una carta encima de la mesa. ¡De Edgar! ¡Estoy seguro! Pues no, era
de Eduardo, aj… ¿Qué mierda me dirá ahora? Decidiéndome por leer… la abrí y
prestando cada vez más atención leí:
‘Samuel, te quería pedir disculpas, he sido demasiado bruto
contigo…’
-Pues sí majo, sí –susurré con cara de enfado pero alegrado
porque lo ha admitido.
Sigo leyendo con interés por oír más disculpas, me encanta
que me digan un lo siento.
‘…, es mi trabajo, no podía hacer otra cosa, pero de verdad
que lo siento. A partir de ahora voy a ser un poco menos bruto contigo
tranquilo, bueno, en verdad ésta carta no era para pedir disculpas…’
¡Bah, pues menuda babosada! No, no, menuda MIERDA. Después de
volver a enfadarme seguí leyendo cruzando los dedos para que fuera una broma lo
último que me leí con atención, que no me gustó nada:
‘…, sentía que merecías unas disculpas, pero bueno, esta
carta me han mandado que te la diese: haber, tienes debajo de ésta cama la
maleta con toda tu ropa, te la han traído tus padres, y en tú cumpleaños, si te
portas bien, vendrán a verte, dentro de tres días empiezan las actividades para
no perder el curso, dentro del sobre tienes el horario de clase, serán de lunes
a sábado, los sábados solo haréis papiroflexia y cosas por el estilo. Y el
viernes son las terapias de psicología. Más te vale portarte bien, tu
psicólogo,
Eduardo’
¡¿Clases?!
¡¿Terapia?! ¡¿Papiroflexia?! ¡¿Qué coño es esto, una broma?! Eso espero.
Me pasé la
mañana echado en la cama, pensado en Edgar… Varia preguntas me planteo, es que
es tan, tan, tan, tan, tan guapo, pero, es que no sé, ¿me gusta? Es que… Dios,
¿no tengo ya suficientes líos como para que encima me metas a un individuo DE
MI MISMO SEXO, que no sé muy bien si me gusta o es pura adolescencia? Tengo que
pensarme bien quienes me atraen: ¿las chicas, los chicos? Dios que lío… es que
también me pregunto si me gustan las dos
cosas. Supongo que esa pregunta me la iba a plantear tarde o temprano,
pero bueno, es que ¡quiero saber ya quien me atrae para pedirle salir a Edgar o
no pedirle salir! Parece mentira, media comprando el interviú a escondidas ¿y
ahora me pregunto que sexo me gusta? La verdad, no me importa que me gusten los
chicos, es que, no me importa lo que piense la gente. Pero, siendo sincero,
cuando veo un gay por la calle o por la tele me paro a mirarlo y no puedo
contener un: ¡Ag…! Pero, yo no lo veo
tan mal, bueno, un poco si, pero ¿qué más dará con quien se acueste o deje de
acostar una persona?
Me quedé toda la mañana dándole vueltas sobre quien me
gustaba, empecé a poner a la chica más guapa del mundo y al chico más guapo del
mundo, en todos los ejemplos elegía a la chica, pero es que Edgar es diferente.
Bueno, supongo que sabré todo a su tiempo, y vosotros también ¡cotillas de
babosas, sigo… cotillas de mierda!
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